Siempre he pensado que el urbanismo aplicado a Benidorm era como mínimo intrusivo y descontrolado, sin respetar límites ni leyes, como en tantos otros lugares del litoral Mediterráneo.
Sin embargo, mi opinión negativa cambió cuando comprendí que parte de las altas edificaciones se deben a la falta de espacio.
Benidorm cuenta con una extensión de 38,51 km2 y una población censada de 69.010 habitantes (2014). La densidad de población es de 1.792 habitantes por km2, según los datos consultados en la página del municipio.
He visitado por primera vez la ciudad hace poco tiempo, en temporada baja, y mientras miraba los rascacielos ahora casi vacíos, trataba de imaginar ese lugar en pleno agosto. La población puede ser fácilmente el doble o el triple.
Un hormiguero no tendría nada que envidiar al enjambre que debe suponer esos edificios llenos al 100%.
Benidorm tiene varias playas de fina arena que en verano es prácticamente una tarea imposible disfrutarla. Por ese motivo todos los hoteles cuentan con piscinas y las urbanizaciones también, ya que los habitantes de la zona, evitan la playa en temporada alta.
Mi sensación fue agradable al pasear por el paseo marítimo y las calles comerciales, entre transeúntes de todas las nacionalidades.
Benidorm vive del turismo y como tal, está pensado y organizado para los turistas. Comercios que no cierran a mediodía, carteles en inglés, francés, alemán e, incluso en holandés, locales de ocio y restaurantes orientados a un público internacional y un largo etc.
Me gustaron mucho las vistas desde la parte más alta de la ciudad, con la playa de levante al fondo y la larga hilera de edificios y hoteles bordeando la primera línea de playa.
Hay que reconocer que puede parecernos más o menos bonito, que podemos estar más o menos de acuerdo con este tipo de urbanismo, pero personalmente me impresionó la ciudad.
Caminar por la noche por el paseo marítimo y subir hasta uno de los miradores sobre el mar fue uno de mis momentos favoritos, sobre todo bajar por las empinadas escaleras hasta la parte baja de la roca, con el mar rugiendo y chocando contra la pared y salpicando con grandes olas consecuencia del fuerte viento. Sin duda, una ciudad especial.
Pues tienes razón. No sera muy estético pero hay que acordar que todo empezó con el boom en los años sesenta y fue una inyección de vida y económica muy importante para la zona
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