Escapada a Zuheros, Córdoba

El pasado puente del 12 de octubre decidimos hacer una escapada a la localidad cordobesa de Zuheros. Teníamos reservada la visita a su famosa Cueva de los murciélagos para media mañana así que salimos después de desayunar.

Al ser un día festivo, muchos visitantes y, sobre todo, familias con niños, habían decidido pasar el día allí al igual que nosotros, por lo que la reserva fue todo un acierto. Muchas personas venían sin reservar y tuvieron que hacer un pase especial para poder atender tal demanda.

La Cueva de los murciélagos está ubicada a unos 4 km de Zuheros, en la sierra de roca caliza que por su composición es muy propensa a la creación de grutas, galerías y cuevas. En este caso se trata de una cueva grande y profunda con tramos de escaleras empinados y estrechos que ponen a prueba a los visitantes.

 

Sin embargo, tanto adultos como niños pueden hacer la visita sin ningún tipo de inconveniente, siempre y cuando no se padezcan enfermedades o claustrofobia. En el momento de hacer la reserva, aconsejo leer detenidamente la información que facilitan y las recomendaciones que desde la Oficina de Turismo de Zuheros ofrecen.

La entrada puede ser simple o combinada con el castillo y el museo, cómo era nuestro caso. Merece la pena conocer los datos históricos de esta localidad cordobesa y la historia de su castillo. Y aunque los murciélagos no se dejaron ver, la cueva es una visita muy interesante por los restos y las pinturas que conserva de la época del neolítico. Y por las bellísimas salas pobladas de estalactitas y estalagmitas que siguen formándose lentamente. No está permitido hacer fotos una vez que comienza la visita guiada, pero os aseguro que algunas salas invitan a admirar las maravillas que el agua filtrada ha hecho en la roca.

La gastronomía de la zona también es recomendable, aunque es cierto que las opciones de restaurantes está limitada. En nuestro caso tuvimos mucha suerte de coger una mesa y aunque la espera fue larga para que nos sirvieran la comida, la calidad y la cantidad de los platos hizo que mereciera la pena. Exquisito todo lo que pudimos probar. Y es que como buen pueblo de sierra, presume de buen jamón, queso y carnes.

Pasear a media tarde por las calles empinadas de Zuheros fue una buena manera de rebajar la comilona. Debido al retraso a la hora de poder comer perdimos el pase del castillo pero en la oficina de turismo nos hicieron el favor de incluirnos en el siguiente pase.

Desde luego mereció la pena, el castillo se conserva solo en parte pero su torreón se puede visitar y desde allí las vistas son increíbles con la campiña de olivares en el horizonte y el pueblo de casas blanca apiñadas a las faldas de la sierra y, en un lugar privilegiado, el castillo para vigilar el acceso. También se conservan algunos restos de un palacete y la actual iglesia conserva restos históricos de la época musulmana, junto con algunos vestigios de la antigua muralla.

Volvimos a casa al caer la tarde después de pasar un gran día, descubriendo una localidad que para nosotros era anteriormente desconocida y que ofrece cultura, historia y gastronomía a sus visitantes, en un entorno maravilloso.

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