Puerta de las granadas

Dale limosna mujer porque no hay en la vida nada como ser ciego en Granada.

Francisco A. de Icaza 

Han pasado ya muchos años desde que pasé unos meses de verano viviendo en la ciudad nazarí, sin saber que mis pasos siempre me traerían de vuelta a una Granada que enamora.

Este año se ha decidido cambiar la famosa portada del recinto ferial después de muchos años representando la emblemática fachada de nuestra querida Catedral. Y se hace para ensalzar una de las más populares y tradicionales puertas de acceso al conocido bosque de La Alhambra, la Puerta de las granadas.

Este hecho casi anecdótico, sobre todo si no vives en la ciudad, me ha hecho recordar mis paseos por la ciudad, mi descubrir lento y apacible de una Granada que a veces resulta casi desconocida para los propios granadinos y que yo siento muy adentro y me enorgullezco de conocer y reconocer en cada rincón de esta maravillosa ciudad.

Descubrí Granada con los jóvenes ojos de una turista, que visitaba la ciudad por ocio, que caminaba por sus estrechas callejuelas del centro descubriendo pequeños tesoros arquitectónicos, pequeños regalos para los sentidos en cada rincón. Dicen que el turista no llega a apreciar la esencia de la ciudad realmente, con sus vertiginosas visitas guiadas recorriendo los monumentos más emblemáticos, y tienen razón.

Granada se descubre perdiéndote entre sus calles y caminando por su historia.

Pero si algo bueno tiene haber sido turista en la ciudad en la que ahora vives, es sin lugar a dudas, conocerla de una forma diferente. Muchos granadinos no han estado nunca en La Alhambra, sorprendentemente. Otros, no conocen los interiores o secretos que oculta la Abadía del Sacromonte entre sus paredes. Hay personas que no han callejeado por el Albaicín hasta estar completamente perdidos y enamorados de las vistas que desde sus miradores nos regala la ciudad. Y deberían de hacerlo. Granada es una ciudad que hay que vivir y descubrir.

Y es que queridos amig@s, Granada es mucho más que La Alhambra, aunque sin duda es su gran reclamo a nivel internacional. Afortunadamente, tiene mucho más que ofrecer. Es una ciudad llena de vida, de cultura y de bellas postales que os invito a descubrir si aún no lo habéis hecho.

Rescato para este post antiguas fotografías que, a lo largo de los casi más de 11 años que llevo viviendo en la ciudad…¿once ya?, he ido haciendo y con ellas revivo en mi memoria largos paseos por la Acera del Darro, comiendo un helado entre risas y largas conversaciones en inglés y recupero en mis retinas, apacibles atardeceres desde los distintos miradores de la ciudad, dejando que el sol se despidiera de los rojos muros de la fortaleza nazarí con un cálido beso de buenas noches.

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