La vieja nueva vida

Nos comimos las uvas con un halo de esperanza en nuestras miradas, con la ilusión contenida en nuestros corazones, con el deseo de cerrar los ojos y despertar en un nuevo año, en una nueva vida…lejos de la pandemia, de los relojes parados antes de tiempo y muy lejos de los abrazos perdidos y los besos ahogados.

Pero no pudo ser. Llegó el año nuevo pero siguió siendo viejo. Nada cambió cuando las agujas del reloj marcaron las doce campanadas. Todo siguió en un bucle similar al día de la marmota, dónde nos despertamos con la misma sinrazón desde hace ya meses, sintiendo que queda muy lejano eso de volver a la normalidad, ya sea nueva o no, pero volver.

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