La cueva del Gato

Los últimos días de las vacaciones de verano los hemos dedicado a hacer actividades de ocio. Entre ellas, hoy os cuento nuestro día en la Cueva del Gato, un monumento natural que os encantará.

Quiénes no conozcan este paraje, se trata de una cueva natural de la cual sale una cascada de agua fría formando un pequeño lago a sus pies. Está situada en el término municipal de Benaoján en la provincia de Málaga. La cueva tiene una gran extensión interna llena de galerías, túneles y lagos siendo habitual las expediciones de profesionales de la espeleología. El público general no puede acceder ya que precisa de un permiso especial y de una preparación específica. (Saber más sobre la Cueva del Gato)

Durante años, somos muchos lo que hemos ido a ver la cueva, por la zona exterior, donde impresiona su gran abertura y el agua saliendo en cascada como si brotara de la «boca». La zona invitaba a hacer un picnic y a darse un chapuzón. También hay rutas de senderismo que incluyen a la cueva en su recorrido. (Puedes verlo aquí).

Este año, buscando actividades de ocio al aire libre se nos ocurrió ir a pasar el día con la familia y bañarnos. Al llegar, un guarda nos recibió para dejar el coche en el aparcamiento habilitado y por tan solo un euro dejamos el coche todo el día.

Hay que bajar andando una empinada cuesta hasta bajar al nivel del río Guadiaro. Allí nos sorprendió la existencia de un control de temperatura y de aforo realizados por personal municipal. Tras recibir las pertinentes indicaciones acerca del uso de la zona de recreo accedimos por una pasarela de madera a la zona del lago. Allí, varios socorristas velaban por el cumplimiento de las normas y en todo momento estaban pendientes de los bañistas.

Cuando íbamos hace ya años, nada de esto existía, sino que era una zona abierta y sin especial protección. Agradecimos de este modo los protocolos puestos en marcha y disfrutamos de un estupendo día en este paraje natural tan especial.

El agua fría no invitaba a quedarse dentro más de cinco minutos y eso ayudaba a que no se agrupara mucha gente dentro de la zona de baño. Entre fotos, risas y algún baño conteniendo la respiración, el día de sofocante calor pasó desapercibido.

Mientras tanto, un osado murciélago salió de la boca de la cueva, quizás despistado, y empezó a sobrevolar, para asombro de todos, la zona de baño, para finalmente parar unos minutos en el cercano tronco de un chopo y luego continuar su vuelo hacia el interior oscuro y frío de la roca.

Y como los niños no entienden de agua fría, mi sobrino no salió del río en ningún momento mojando sus pies y jugando en la pequeña presa de piedras que hace de contención al lago, cruzando a un lado y otro disfrutando del agua y de la naturaleza. Mientras, su prima dormía la siesta a la sombra de los árboles y los demás disfrutábamos relajados tras haber dado buena cuenta de una tortilla de patatas, un picadillo de verduras del huerto, unos ricos filetes empanados y unas empanadillas caseras.

Sin duda, se trata de un lugar recomendable tanto para visitar en verano, con la posibilidad de darse un buen baño, como en otoño y primavera donde se pueden hacer rutas de senderismo por la sierra, disfrutar de las maravillosas vistas y del paisaje tan especial de la zona y de la misma cueva.

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