Nunca es tarde

Nunca es tarde si el objetivo es bueno. He tardado en pensar un propósito de año nuevo para este casi recién estrenado año 2022.

Tras varios meses más frenéticos de lo habitual, estuve reflexionando acerca de lo que necesito en este año y me he propuesto dedicarme treinta minutos al día a mí.

Un pequeño receso diario en mi vertiginoso día a día, que muchas me absorbe tanto que no tengo el tiempo necesario para mí.

Encontrar unos minutos para relajarme leyendo un buen libro, para tumbarme en el sofá con mi antifaz anti ojeras de gel frío, para hacer una sesión de yoga en silencio con música relajante de fondo o dedicarme una sesión de mimos, mascarillas y cremas. Lo que sea que me ayude a desconectar y a descansar, a reponerme de tanto estrés diario en el trabajo y el ajetreo que conlleva tener una hija de dos años y medio que se pasa el día llamándome y reclamando mi atención. 

Y conforme lo visualizo, este objetivo se vuelve más necesario y al mismo tiempo más difícil de poder cumplir.

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