Verano de sol y playa

La costa malagueña entre Estepona y San Luis de Sabinillas (Manilva) es una zona de sol y playa lejos de las grandes aglomeraciones estivales. Cuenta con playas largas de arena y pequeños chinos, salpicadas de calas y zonas de rocas de gran belleza natural que son un reclamo de relax.

Playa Piedra Paloma. Tizia ©

En 2017 pasamos nuestras vacaciones de verano explorando esta parte de la costa, desde la playa de El Cristo en Estepona hasta punta Chullera en San Luis de Sabinillas (Manilva). Combinamos días de verano pescando a primera hora del día con largos baños en aguas cristalinas donde es posible bucear y hacer snorkel.

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Cinco años después, hemos vuelto a pasar una semana de vacaciones de verano en la costa malagueña. La playa urbana de San Luis de Sabinillas (Manilva) es una amplia playa en su mayoría de pequeños chinos y algunos tramos de arena. Con un ambiente marcadamente familiar, es una estupenda opción para pasar un estupendo día de playa. Hay que tener en cuenta que el agua es profunda a pocos metros de la orilla y que si vamos con niños pequeños son necesarios los manguitos. Si hace un día de olas, se puede jugar en la orilla, hacer castillos de arena o jugar a las palas.

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Otra playa de gran belleza es la zona próxima a la Torre de la Sal, en el término municipal de Casares. Se trata de una zona de playa denominada Playa Chica, entre San Luis de Sabinillas y Estepona con muchas rocas a los pies de una torre vigía musulmana. Abundan en esa zona las caracolas, los peces entre las rocas y seguramente algún pulpo.

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Al día siguiente, continuando con nuestro itinerario playero, nos desplazamos más al sur, en concreto a la Playa de las Gaviotas, en el puerto de la Duquesa. Ese día había resaca en el mar, que hacía casi imposible el baño pero que nos permitió jugar en la orilla y hacer magníficas fotos de las olas rompiendo en la costa. Un pequeño espigón de rocas retiene las grandes corrientes para proteger el puerto, pero aún así, las grandes olas fueron todo un espectáculo.

Cada mañana elegir una playa diferente es una forma muy entretenida de pasar los días de veraneo, buscando nuevos rincones para disfrutar del sol y del mar.

Para ir con niños pequeños sin duda la Playa del Cristo, en Estepona, es la mejor opción ya que no tiene profundidad en muchos metros de distancia, nunca tiene olas grandes porque está protegida de las corrientes por el espigón y además, el agua suele estar caliente.

Su arena negra, a veces, enturbia un poco el agua pero se pueden encontrar cangrejos en las rocas y ermitaños escondidos en la arena.

Otros años anteriores, cuando aún no teníamos a nuestra hija, también hemos estado buceando y nadando en la playa de Costa Natura de Estepona, famosa por su hotel nudista y por tener una parte de la playa exclusivamente para practicar el nudismo.

Si seguimos explorando la costa de esta zona de Málaga, encontramos otra playa de gran belleza natural con una gran roca en el agua llamada Piedra Paloma. Hay tramos de la costa que son playas naturales sin servicio de duchas ni restaurantes y, ni mucho menos, chiringuitos. Este aspecto les otorga, desde mi punto de vista, un gran atractivo.

Además, encontramos la senda litoral que transcurre desde San Luis de Sabinillas hasta casi el límite de la provincia, siendo una estupenda opción para pasear junto al mar descubriendo flora endémica de la zona.

Una de mis playas favoritas es, sin lugar a dudas, la pequeña cala que se forma en Punta Chullera. Con grandes rocas de color marrón, el agua del mar entra como en un cañón para salir salpicando hacia la playa de chinos. Es una zona de difícil acceso con el vehículo y muy poco aparcamiento. Las veces que hemos estado hemos tenido problemas con los vehículos estacionados en ambos sentidos de un pequeño y estrecho camino de acceso.

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Este año teníamos en mente repetir un día de sol, arena fina y aguas cristalinas en el Atlántico y para ello, nos hemos ido a pasar el día a la Playa de Bolonia. A una hora y media de coche, desde San Luis de Sabinillas, es una maravillosa playa con una gran duna, a los pies de la montaña, entre pinares.

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Es una auténtica gozada de playa, con kilómetros de arena amarilla súper fina y aguas de color turquesa. Con un gran ambiente, a media mañana empezó a llegar bastante gente pero estuvimos en todo momento muy agusto y entretenidos. Y no solo haciendo castillos de arena con nuestra hija, también disfrutando del agua fría pero apetecible. Cada pocos minutos, algún vendedor ambulante nos ofrecía pareos, collares, vestidos, mojitos recién hechos, pasteles o cualquier otra cosa. En un continuo ir y venir de gente, el día de playa fue magnífico y por ello, apuramos la tarde todo lo posible antes de volver.

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Nuestro último día de costa lo reservamos para ir por primera vez a la Cala de la Sardina, ya en el término municipal de Torreguadiaro, en la provincia de Cádiz, muy próxima a Sotogrande.

Se trata de una playa con una ubicación envidiable, donde cientos de caravanas tienen su estacionamiento junto a la arena y donde, las veces que hemos pasado, hemos visto siempre multitud de bañistas. Fuimos temprano para evitar aglomeraciones y poder coger un buen sitio. En primera línea de playa, disfrutamos de largos baños con la niña, cogimos almejas o conchitas en la orilla y además, mi marido pudo por fin, aprovechando el agua cristalina, la ausencia de medusas y el mar en calma, dedicar un buen rato a bucear.

La cercanía con el puerto de Sotogrande hace que el horizonte pronto esté lleno de veleros y yates que salpican de blanco un mar azul intenso en un estupendo día de verano.

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El mar
Necesito del mar porque me enseña:
no sé si aprendo música o conciencia:
no sé si es ola sola o ser profundo
o sólo ronca voz o deslumbrante
suposición de peces y navíos.
El hecho es que hasta cuando estoy dormido
de algún modo magnético circulo
en la universidad del oleaje.
No son sólo las conchas trituradas
como si algún planeta tembloroso
participara paulatina muerte,
no, del fragmento reconstruyo el día,
de una racha de sal la estalactita
y de una cucharada el dios inmenso.

Lo que antes me enseñó lo guardo! Es aire,
incesante viento, agua y arena.

Parece poco para el hombre joven
que aquí llegó a vivir con sus incendios,
y sin embargo el pulso que subía
y bajaba a su abismo,
el frío del azul que crepitaba,
el desmoronamiento de la estrella,
el tierno desplegarse de la ola
despilfarrando nieve con la espuma,
el poder quieto, allí, determinado
como un trono de piedra en lo profundo,
substituyó el recinto en que crecían
tristeza terca, amontonando olvido,
y cambió bruscamente mi existencia:
di mi adhesión al puro movimiento.
Pablo Neruda.

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